Ché pibes, ¿cómo andás? Nosotros ya rebien en tierras Argentinas, ya en Patagonia cerca de los glaciares. La primera impresión de Argentina, de eso hace ya una semana y media, fue bastante positiva. Aunque el norte es bastante parecido a Bolivia, se denota un toque europeo. Simplemente la diferencia en los transportes, carreteras, el no-regateo y el no tanto agobio a turistas es un gran cambio. No es que sea todo a mejor, pero es diferente, y más parecido a lo que estamos acostumbrados.De la frontera con Bolivia tomamos un bus hacia Salta "la linda". Cuando llegamos a la estación nos asaltaron unas diez personas ofreciéndonos hostel (todavía se nota la influencia boliviana...). Finalmente nos decidimos por el hostel Correcaminos (40 pesos habitación doble con baño compartido = 12€). El hostel estaba bien, con cocina, un pequeño bar, Internet gratis y un ambiente bastante festivo, sobre todo, entre los trabajadores. La primera noche estuvimos conversando con alguno de ellos y tomando unas cervecitas, que no vienen mal después de tanto autobús y para paliar el sofocón que hacía por esas tierras. También charlamos con un chico israelita sobre la vida en general y la situación en su país... pero eso es otra historia demasiado complicada para explicar ahora.
Al día siguiente lo dedicamos a pasear por el centro de la ciudad y en ir a comer nuestra primera "parrillada", mmmmm rico, rico!! El lugar es bastante recomendable, sobre todo por el precio 18 pesos una parrilada para dos, ¡que son unos 5 €!

Salta es una ciudad tranquila de origen colonial. Tiene casa muy bonitas de la época. También es bastante comercial. Hay un par de calles peatonales repletas de tiendas. Nuria se cortó el pelo allá por 2 pesos (unos 50 céntimos), je, je!!! Eso sí, era una escuela así que mucho no puedes pedir y el look que le dejaron no es de lo más chic pero sobra y basta.
El segundo día lo dedicamos a sus alrededores. Primero tomamos el teleférico al cerro desde donde se tiene unas bonitas vistas de la ciudad. Después fuimos a San Lorenzo, un pueblo muy cercano a Salta donde llueve muchísimo más (y eso que solo hay 12 km de distancia) y tiene una vegetación semi-selvática. Allá se pueden hacer trekkings, ir a caballo, etc. Pero la suerte no corría de nuestro lado y, cómo no, llovía a cántaros. Así que sólo vimos la entrada al parque, muy bonita por cierto, mientras comíamos en un restaurante cercano esperando a que se le antojara parar. Como no fue así volvimos a Salta y dimos un paseo por el mercado artesanal.
El tercer día teníamos planeado ir a visitar la quebrada de Humahuaca. Es un valle a unas tres horas de Salta famoso por sus montañas multicolores y sus típicos pueblecitos. Como nos levantamos un poco tarde sólo tuvimos tiempo de visitar uno de los pueblos, Tilcara, y sus ruinas pre-hispánicas, Pucara. El resto de la quebrada lo vimos desde el autobús... mucho mejor si dispones de varios días para ir tomando buses de pueblo en pueblo y dormir en alguno de ellos. Peeero, la vida del viajero con poco tiempo es así.
Nuestro último día en Salta lo dedicamos a hacer algunos trámites que teníamos pendientes y a tomar la última cervecita en la plaza. También enviamos un paquete con cosas que nos sobraban a Buenos Aires, donde lo recogeremos en menos de un mes. Quizás nuestra estancia en Salta no fue muy productiva, pero eso sí, dormimos muchíiiiisimo!
A las 16.00 horas tomamos un bus cama hacia Mendoza, el cual tardaría unas 17 horas en llevarnos a la capital del vinito, je, je!! El viaje, aunque suena largo, no se hace tan pesado. Te sirven merienda, cena y desayuno y vas viendo pelis. Así que los viajes en autobús no son tan malos aquí.En Mendoza nos hospedamos un hostal nuevo regentado por una maestra retirada que tiene una hija viviendo en Granada y que nos explicó bastantes cosas de la zona y del país. Compartimos habitación con una pareja en la que coincidimos en el autobús y que ya habíamos visto por Uyuni. ¡Qué pequeño es el mundo! No haces más que encontrar a la misma gente por el camino.
La ciudad nos gustó bastante. Hacía un calor tremendo pero gracias a la arboleda que cubre toda la ciudad se pasa mucho mejor, es como la ciudad bosque. Mendoza está llena de plazas y de calles con terracitas para tomar algo. La verdad, una ciudad sin grandes atractivos turísticos pero muy agradable.
Los dos primeros días los dedicamos a planear un poco cómo llegar al Calafate, donde nos encontramos ahora. Nuestra primera intención era ir hasta Bariloche donde pasaríamos una o dos noches e ir hacia Calafate. Pero, ¡sorpresa!, nos enteramos que no había bus de Bariloche a Calafate. Ahí es cuando empezó nuestra crisis de cómo narices montamos el viaje. Las opciones eran dos: o dejarte un pastón en aviones (pasando por Buenos Aires o Santiago de Chile) o pasarte dos días enteros dentro de un autobús hasta Río Gallegos y de ahí tomar otro bus de otras 5 horas hacia Calafate, mmmm ninguna muy tentadora. Al final, como buenos catalanes, optamos por la opción más barata, el bus, pero con una pequeña variación que marcó la diferencia. El viaje hasta Río Gallegos lo partiríamos en dos y así pasaríamos un día en Península Valdés para ver las ballenas. Llegar a esta conclusión nos llevó cerca de dos días. Son los inconvenientes de ser una par de indecisos y de viajar por cuenta propia, ya que se pierde tiempo y a veces dinero.
Finalmente, conseguimos hacer algo de provecho en la zona de Mendoza y decidimos hacer una visita relámpago al Aconcagua. Tomamos un bus hacia puente del Inca, el pueblo que está más cerca del parque nacional y desde donde parten muchas de las expediciones para subir la montaña. Allí pasamos la noche en el refugio de montaña "La vieja estación" (20 pesos por persona, unos 6€). El lugar era un poco cutre pero disponía del único bar del pueblo y el dueño y el guía del hostel eran de lo más simpáticos y habladores. Tomamos unas cervezas allá mientras
ellos y varios lugareños jugaban al billar. Al día siguiente, disponíamos de unas horas para ir al parque donde se encuentra el famosos Aconcagua (Centinela de piedra en quechua). Para ir hicimos un trekking desde el pueblo de unas 3 horas. Se pueden hacer trekkings mucho más largos si dispones de tiempo. Con tres o cinco días puedes acercarte a la base de la montaña desde donde puedes percibir mucho mejor la magnitud del cerro. Para subir a la cima se necesitan unos 20 días, además de estar bien preparado y tener dinero para pagar los permisos y los guías. Así que nada, nosotros nos conformamos con mirarlo desde lejos. Mejor que nada...A media mañana tomamos el bus de vuelta hacia Mendoza donde tomaríamos el bus hacia puerto Madryn (Península Valdés). ¡Un día entero en el bus!
Llegamos a Puerto Madryn a las 19 horas del día siguiente. Disponíamos de exactamente un día para visitar la península. El bus hacia Río Gallegos salía a la misma hora que llegamos pero al día siguiente. Un poco locura, pero finalmente lo conseguimos. Las excursiones para la península llegaban alas 19.30 horas de la tarde, así que perdíamos nuestro bus hacia el siguiente destino, además eran bastante caros (115 pesos por persona sólo el transporte). Así que decidimos alquilar un coche (200 pesos por un día) e ir por nuestra cuenta. Sale muchísimo mejor y si llenas el coche pues ya no te cuento! Mientras alquilábamos el coche nos encontramos con Sota, el chico japonés con el que habíamos coincidido en el tour de Uyuni (¡otra coincidencia!). Nos vino que ni pintado porque se unió al tour y así compartimos los gastos.
A la mañana bien temprano salimos con el coche hacia Puerto Pirámides, el único pueblo que hay dentro de la reserva de Península Valdés (hay que pagar otros 30 pesos para entrar) y desde donde se toman los botes para avistar las ballenas (otros 65 pesos...). Estuvimos sobre una hora persiguiendo a una ballena y a su cría. ¡Muy majos y grandes los bichos!Después fuimos hacia Punta Cantor donde vimos Elefantes marinos. Lo malo es que en esta época están cambiando el pelo por lo que no se pueden meter en el agua y tampoco comen. Así que se pasan el día tirados en la orilla como si estuvieran muertos. A pocos kilómetros de allí hay una pingüinera y allí nos dirigimos. ¡Qué graciosos los pingüinitos! Finalmente, fuimos hacia Punta Pirámides donde hay lobos marinos. No sabemos si estos también estaban cambiando el pelo pero estaban tirados en la orilla como muertos.
Volvimos a Puerto Madryn sobre las 17h para devolver el coche y tomar nuestro bus hacia Río Gallegos y desde allí otro para el Calafate, donde estamos ahora esperando a Bibi (una amiga de Dublín), la nueva incorporación al grupo que se quedará con nosotros hasta el final del viaje.
Cascaditas en el cerro de Salta
Iglesia San Francisco en Salta
Edificio colonial en la plaza mayor de Salta
Una bandera Argentina en Salta
La catedral de Salta en la Plaza 9 de julio
Ruinas de Pucára en Tilcara
Más ruinas en Tilcara
Una de las calles deTilcara en la quebrada de Humahuaca
Una llama que escupió a Roberto. ¡Y eso que le estaba dando de comer!
El Puente del Inca, que se creó de forma natural
Allá a lo lejos... el Aconcagua
Con Sota en la Península Valdés. Otoua!!!!
Elefantes marinos durmiendo la mona en la Península Valdés
Los pingüinos!!!
Más pingüinitos!!
Un lobo marino de paseo. ¡Este, por lo menos, se movía!

La cola de una ballena
Tomando el sol en la Península Valdés












Desfile en la Plaza Murillo

La Plaza San Francisco
Dos Bolivianas en la Plaza San Francisco




A la mañana siguiente antes de partir
La misma laguna
La laguna Hedionda. Que, por cierto olía un poco mal...


El árbol de piedra







